jueves, 25 de noviembre de 2010

Silencio I


A su mirada que resume la espera.
Aguantar a distancia, aguantar con la voz, con las ganas.
Aguantar el tiempo y las geografías.
Aguantar de pie.
Aguantar la ausencia, la suya, tan ajena.
Aguantar el miedo, la pena.
Aguantar las certezas y las razones consensuadas.
Aguantar lo que queda, aunque sea nada.
Aguantar las sombras, las presencias aplazadas.
Aguantar la mirada que devela, la palabra renunciada.
Aguantar con las manos firmes.
Aguantar, aguantar… la espera.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Algo que llorar

Foto: Dr Case

Quiero llorar, así, llorar sin la excusa apropiada, sin el antecedente reprimido.
Llorar como se debe, con los ojos dolientes, con las ganas de un paralítico.
Llorar por lo que soy, por lo que he sido y lo que no seré.
Llorar por mí y por los otros, los de al lado.
Llorar sin la consideración de un nuevo día, sin el mito de la resignación.
Llorar para ver,
para sentir,
para oír,
para entender.
Llorar como el último recurso de lo hecho.
Llorar los finales sin inicio ni continuación.
Llorar en silencio y a grito abierto.
Llorar como acción y no verbo conjugado.
Llorar y saber que eso significa algo.
Sólo eso...llorar.

lunes, 26 de abril de 2010

Sin fe

photographer padawan *(xava du)

No entiendo este mundo, su complejidad absurda me provoca esta costumbre mutilada, dolida. Quisiera salir de esto, como sea, pero salir. Olvidar lo poco construido, tirarlo, verlo, llorarlo. Esperar que acabe, ansiar que así sea. Escribir dos palabras que valgan la pena. Verme en los ojos de alguien, reconocerme y sentirme en ellos. Atestiguar la poca fe, ser espectador que ve y calla, sin la necesidad de aprehender la vida y su séquito de ánimos. Ser lo que puedo, sin ansia ni ambición. Sin envidia, sin fe.



miércoles, 17 de marzo de 2010

Nadie apuesta al vacío

Imagen: Luna Flamenca
Fabricamos necesidades, olvidos, silencios
fabricamos el amor como rito
como pretensión de trascendencia
deconstruimos nuestra historia
pactada en la serenidad de una alfombra
recogemos el testimonio,
abrimos la posibilidad que no llega,
la coexistencia de cuerpos sin tiempo ni espacio
algo nos recuerda que nadie apuesta al vacío.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

La sirena (fragmento)

"...Siempre alguien que espera a algún otro, que nunca vuelve. Siempre alguien que quiere a algún otro que no lo quiere. Y al fin uno busca destruir a ese otro, no importa quien sea, para que no nos lastime más."
Ray Bradbury

sábado, 14 de noviembre de 2009

Espera


Para la Voz y
la melancolía que habita en sus ojos ,
por su puesto

A punto de abandonar esta espera, de ojos abiertos, de tiempo, de noches, de imágenes en colapso. De día y de ayeres. Lo exacto del ritmo es su cuerpo: desvelo de ermitaños. Lejos está el motivo y la urgencia, instalados en la causa de la melancolía propia, tan suya y ajena.
Estamos fuera, como si el futuro dependiera de la sutileza de la palabra, del paso caminado y en espera. Regresamos a esta muerte, a la ternura de su voz; nos ofrecemos a la revolución donde nos encontramos.
Pensamos en tormentas, naufragios, oportunidades acicaladas de buenas intenciones, y café caliente. Es el silencio de sus labios lo que resume el mundo en un gesto, la eterna batalla que reconfigura el miedo.
Nos sabemos huérfanos frente a la náusea y el hartazgo, alejados de la estética del desprecio. Próximo a dejar esta espera, con las ganas del que dice y se cuestiona el cómo.
La complejidad es más certera y la posibilidad sigue estando en sus ojos.

sábado, 18 de julio de 2009

Drama en cuatro actos

Foto: Seretuaccidente
Muchas veces es preferible
la neurosis a la estupidez
Rubén Dario

I
A lo lejos escuchaba el incontenible y enfadoso ruido de una ambulancia. Poco a poco se fue acercando.
La multitud de personas congregadas en una esquina poco o quizá muy transitada impedía ver el suceso ya esperado.
El cuerpo sin vida de un desafortunado yacía boca arriba o abajo (no lo sé). Por un lado se arremolinaban las señoras matinales que todos los domingos se presentaban en misa sin fallar. Una de ellas un tanto conmovida expresaba el dolor o repugnancia que le provocaba aquél espectáculo.
- ¡Pobre! ¿Qué se podía esperar con esa vida que llevaba?. Otro eco más allá cobraba fuerza…era la banda, los cuates que veían reflejada en el pobre cartucho de cemento y marihuana ahí tirado, la pérdida de un amigo de parranda.
- ¡Pinche güey! ¿cómo se nos pudo ir? Musitaban.

II

No te acerques, ahí va ese mariguano, advertía una señora a su vecina.
No es posible que tan temprano se vaya a mariguanear. ¡Pobres padres! Soportar un hijo así, consignaba la santa señora.
La preparatoria es un lugar prudente para ir a ventilar las penas. Eso lo sabía, por eso él ocupaba ese sitio para despejar sus dudas y conciliar su vida.
Con un ¡hijos de su pinche madre! Se presentaba causando revuelo entre los pobres, conservadores e intolerantes habitantes que asustados trataban de evitarlo.
El mariguano tenía unas manos muy largas y conocedoras, ya que tocaban cada cosa que dios padre guarde.
Un par de nalgas bien paradas, unos senos impactantes eran el objeto manoseable que escogía de las féminas reprimidas.
- ¡Desgraciados! ¡malditos…! Se escuchaba; pero después de un agasajable rato, a la gente se le olvidaba tan delicioso manoseo que aquel ejecutaba en nombre de todos los caballeros.

III

Los sollozos no se dejaron esperar. Algunas lágrimas rodaban y el pernicioso olor que ahí se impregnaba provocó que un batallón de moscas se dispersaran sobre todos los mirones que se congregaban.
Los paramédicos hicieron lo propio: recogieron el cuerpo, lo subieron a la ambulancia y se retiraron del lugar. Algunas señoras de esas devotas corrieron a colocar unas veladoras en el lugar donde se encontraba el cuerpo.
“Padre nuestro que estás…” se escuchaba…los católicos más fieles contemplaban aquella plegaria en honor del acaecido.
De pronto el tumulto se fue dispersando, hasta que sólo quedó el caminar parsimonioso de un perro que deambulaba alrededor de aquella llama, buscando el rastro pestilente de sus camaradas que anteriormente habían dejado el suyo.

IV

- ¡Cabrones! No se lo acaben todo, conviden o qué no somos amigos, cuestionaba el mariguano.
Los compas en medio de una gran algarabía bebían a cántaros, sus rostros se distorsionaban tras las figuras perfectísimas del cigarro de mariguana. Después de un rato de meditación profunda cada cual agarró el rumbo que su instinto le indicó.
Así lo hizo nuestro drogo-amigo y ya nunca se volvió a escuchar de su boca el afectuoso saludo que angustiaba a todos los ¡hijos de su pinche madre!
Mariguano por convicción y censurado por tradición. Su nombre no lo recuerdo o tal vez nunca lo supe, lo poco que se sabe es que era miembro destacado del “escuadrón de la muerte”.