Algo empieza a desbordarse, no cabe en sus límites. El tiempo está ahí con esa espera muda, listo para rememorar hazañas pasadas. Nos muestra cómo lo impasible de nuestra existencia retorna a su ciclo. Tuve que aguardar para seguir con la correspondencia llena de palabras que no te llegan, con esta ansiedad que carcome la mente, donde te pienso y existes.
Llegamos a una cantidad prescindible de horas y ese clavo, la esperanza. Esperanza de todo, de lo que un día nos movió a la sonrisa y a la ternura. Siempre estuve a tu espera con la firme intención de que la historia nos redimiera. Y ya ves…sigo aquí con el hartazgo propio del no significar para el otro, acariciando el amor que no se puede dar. Esperando, siempre esperando la mirada, la palabra, esas situaciones pequeñas que transformaban la oquedad de este mundo.
Estamos cerca de conmemorar este ciclo de amargura y no encuentro otra opción en medio de esta estabilidad y certeza de la nada. Ves, las certezas no siempre nos permiten ser en lo que buscamos; la estabilidad resultó un estancamiento, será por eso mi negación a la certeza y estabilidad. Te das cuenta, hablo del nosotros como si te tuviera frente a mí, vaya manía de hablar del nosotros, un nosotros que nunca tuvo lugar, un nosotros perdido.
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martes, 5 de marzo de 2013
[A]
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Empezar resulta difícil,
doloroso, como esto que ahora escribo. Es una suerte que se reduce a casi nada,
a la imposibilidad de la ternura. Empezar nos enfrenta con los miedos y el
vacío, nos brinda ese nimio espacio de la duda donde nos regocijamos en espera
de algo.
Es así que se decide, como lo
hago ahora. Escribir para seguir, para sacar el nudo que se hace en el corazón,
ya sabes, esa pequeña avalancha que no
deja al pensamiento, que no deja a las ganas en lo que antes era el motivo de
alegrías efímeras, mínimas. Qué manía tan infernal tener el referente
evanescente de lo pleno.
Seguro te sorprenderá que aquello
que te angustia sea mi motivo de expresar, la verdad es que no había otra forma
en mi mundo febril, a veces triste, otras,
incompleto. Debería decir el caos que causa miedo e incertidumbre,
alejamiento y cuestionamiento. ¿Sabes? Trato de imaginar un mundo sin caos, sin
desorden. Trato, sin conseguirlo, de imaginar el amor sin el caos que trae el
otro. Quizá el caos no sea tan peligroso como el estado de ánimo al que se
reduce el amor. Entenderás que mi caos era la propuesta para ti, para nuestra
vida que se alejó, irremediablemente.
Ahora cada paso es incertidumbre,
duda del pie, del caminante y del camino. Angustia de eso que los demás llaman
lo correcto, lo seguro. Me da miedo la certeza, las verdades preclaras de la
vida, y es que nadie enseña cómo vivir lo cierto e inamovible de las
circunstancias. Nadie guía la lectura del árbol añoso, ni la mansedumbre de la
noche y sus sonidos lejanos. Estamos en este remolino de inquietudes, con el
hartazgo a un lado, con ese pequeño clavo que representa la esperanza.
Te parece si recorremos el
trayecto que fuimos, el paréntesis en que nos encontramos, en ese negarnos. Por
ahora, eso. Las palabras que vienen aún no terminan de llegar.
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